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miércoles, 8 de febrero de 2012

CABROJO

Por Frédéric Frament

CABROJO (Rionansa) 200 m. de altitud.

17 hombres y 10 mujeres (INE, 2010).

Vivir en Cabrojo es una gozada porque es un pueblo pequeñísimo, tan cerca de la naturaleza que estás inmerso en ella, con todo lo que ello conlleva de sorpresas y de encanto. El aire está como más transparente, y la paz es tan absoluta que el simple campano de una vaca, o algún ladrido destemplado te puede sobrecoger.

La gente de Cabrojo es trabajadora y seria, y es muy acogedora para el recién llegado, como bien nos consta a nosotros. Se granjean cariño y estima, y son uno de los principales motivos que hacen que te sientes a gusto.

Pero vivir en este pueblo es un reto en la medida en que, aunque otrora fuera un pueblo principal, está muy venido a menos y sufre de inexorable despoblamiento. Los mayores recuerdan las huestes de pillos que allí vivían, e incluso enseñan al forastero las casas en que se criaban, algunas sepultadas bajo unas fortificaciones de malezas. Tanta paz a veces es como preocupante, no quedan casi niños, y los que hay no tienen con quien jugar.

En lo que se refiere a servicios y otras necesidades de la actual manera de vivir, Rionansa no falta de nada, ni de servicio de salud, ni de bancos, farmacias comercios de toda clase e incluso supermercados. Aquí el panadero te trae el pan a casa, cosa que no sucede a menudo en las ciudades. A los que se asustan de la distancia, y aseguran que Puentenansa está lejos de todo les suelo contestar que está muy cerca de Carmona y de Lamasón. Pero es cierto que hay que estar dispuestos a recorrer a diario un gran número de kilómetros si se quiere ir a trabajar a algunos de los grandes centros urbanos de Cantabria.

Éste es el reto principal.

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