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jueves, 21 de julio de 2011

POR LAS INMEDIACIONES DE CHUFÍN

Antonio Gómez Fraile

A ocho kilómetros de Puentenansa; considerada hoy la capital municipal, tenemos la aldea de Riclones; esta localidad cuenta con unas cincuenta viviendas, habitadas todo el año al cincuenta por ciento de forma continuada y con una población aproximada de 70 habitantes.

Para llegar a esta localidad, desde Puentenansa; después de salir de Celis hay que cruzar el río Nansa por el puente de La Herrería, que ha sido declarado BIC (Bien de Interés Local) en el año 2003 con la categoría de inmueble. Su construcción parece que fue realizada entre los años 1749 y 1760 con piedra de granito gracias al mandato y al erario particular de D. Juan Gutiérrez Rubín de Celis, natural del barrio de La Herrería y vecino de México, según dejó inventariado en su Diccionario Geográfico Estadístico Hispano el navarro D. Pascual Mador. Tiene este puente una longitud de 15 metros, un gran arco de 99 pies de diámetro (27,6 metros) y 60 pies de alto (16,7 metros). Está coronado por un humilladero, con la imagen del corazón de Jesús, consta de varios estribos de sillería y de tres arcos más de menor tamaño que fueron cegados posteriormente y que amortiguan el esfuerzo de arco principal sobre el río; actualmente se encuentra rodeado por un denso follaje de sauces, alisos, espinos, chopos, laureles, fresnos etc.

Comunica este puente el núcleo de Celis con los barrios y territorios de Celucos y Riclones, la parroquia de San Pedro, el cementerio o camposanto de estos lugares y continua la carretera que atraviesa el barrio de Riclones, para después de pasar el río de Tanea, enlazar con la carretera de Lamasón en el barrio de La Venta de Fresnedo, que comunica los municipios de Lamasón y Herrerías.

Y hablando de esta carretera, no podemos olvidarnos de cuando comenzó a construirse allá por los años sesenta del pasado siglo: cuando sonaba el campano vecinal se reunía la gente y después de tratar de convencer a algún personaje reacio en ceder la orilla de alguna finca, para ensanchar el camino público, en beneficio de todos para que pudiera pasar el médico, el panadero, la ambulancia o el camión de recogida de la leche, salían los habitantes provistos de herramientas, palas, picos y azadones, con el cura del pueblo Don Arsenio Quintanal (hoy responsable de la parroquia de Puente San Miguel) al frente, con la sotana arremangada y una azada en la mano, dando ejemplo y tratando entre todos de nivelar, allanar y acondicionar el firme y anchura para que la estrechez del camino no fuera obstáculo para que pudieran pasar los primeros y escasos vehículos de aquellos tiempos.

Continuando este camino hacia Riclones podemos ver a la izquierda la parroquia de San Pedro y el cementerio de estos pueblos; esta construcción data de los siglos XVI-XVII, consta de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería y un retablo mayor de gran tamaño con torre de campanas exenta, apartada, posiblemente restos de un antiguo monasterio.

Ya en el núcleo urbano de este pueblo y rodeada de una frondosa vegetación,existe una pequeña capilla; la ermita de San Antonio de Riclones S.XVII con un interesante y espectacular porche columnado y un monumental escudo timbrado por yelmo, con talla de gran relieve El día 13 de junio se celebra en esta ermita la festividad de San Antonio de Padua, patrono de este pueblo.

En Riclones existen varias cuevas con pinturas, grabados y restos de útiles de época paleolítica; las más conocidas, investigadas y olvidadas son, Micolón declarada BIC, (Bien de Interés Cultural) en año 2000 y Chufin declarada por La Unesco, Patrimonio de La Humanidad en el año 2008.

También podemos recordar como hasta la década de los años sesenta del siglo pasado por la falta de servicio de agua corriente en las viviendas de estos lugares de estos domicilios; había que ir a buscarlo a la fuente del pueblo con los cubos en la mano. En esta aldea, ese imprescindible líquido elemento se recogía en el “torcu”, una torca, sima o barranco por donde circulaba una corriente de agua subterránea, transparente, limpia y clara; bajando del pueblo por un camino estrecho, serpenteante y sembrado de piedras sueltas esparcidas por el suelo; tapizadas sus orillas de una densa vegetación, se llegaba a este lugar; después de dejar el sendero, sorteando la roca madre, se bajaba al fondo de la sima por unas escaleras de piedra realizadas en tiempos arcaicos o remotos hasta llegar al agua, donde con la poca iluminación que llegaba de la boca de la sima, se llenaban los envases trasportados al efecto y que si ya era una odisea bajar por aquella calleja estrecha, saturada de rocas, cantos y peñascos, podemos imaginar lo que significaba volver con el peso de los recipientes llenos; cuando el tiempo empeoraba y las fuertes lluvias hacían con fuerza acto de presencia, el agua rebosaba por la entrada o boca de la torca, e inundaba una parte de los parajes cercanos a este lugar, lo que provocaba una gran turbiedad que impedía o dificultaba su utilización o consumo.

Pero si odisea consistía en bajar a buscar agua al “Torcu”, no era menos bajar al río a lavar la ropa. A partir del año 1952 del pasado siglo, la empresa Saltos del Nansa construyó un embalse en el río Nansa, a la altura de este pueblo de Riclones, la presa de La Palombera, alterando totalmente la ribera del río, donde las mujeres de Riclones bajaban a lavar la ropa; tipo “lavanderas de Portugal”. Con el cambio de la estructura de los márgenes, en la orilla o ribera de este río y la consiguiente subida y bajada del nivel de las aguas del pantano, la orilla del agua se volvía fangosa, cenagosa y resbaladiza, lo que complicaba la manera; la forma de acercase hasta el agua, convirtiendo estos márgenes, estas orillas, en un riesgo una dificultad y un amenaza para la integridad física de estas “lavanderas” teniendo ellas que desplazarse a otros lugares retirados y alejados en el Nansa o Tanea “con sus cestos a la cabeza” fuera de los niveles del embalse, y por lo tanto a lugares bastante mas alejados del pueblo y por tanto con menos peligro en estas tareas de lavado de ropa.

La vida de estos pueblos ha cambiado en los últimos 30 años de una forma radical; hoy tenemos en todos los domicilios, agua corriente, luz eléctrica, teléfono con ADSL, disponibilidad de prensa, los vehículos tienen acceso a todos los hogares, disfrutamos prácticamente de todas las comodidades de las ciudades y no tenemos el estrés, la tensión, ni el ajetreo existente en las grandes urbes.


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