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jueves, 21 de julio de 2011

EDITORIAL Nº 2 : EL AGUA

En Saja Nansa sabemos como nadie el valor del agua. Tanto es así que para reflejar la identidad de todo nuestro territorio se escogieron los términos de dos de nuestras fuentes más importantes: el Saja y el Nansa. Somos un territorio de valles, y de desembocaduras, de costa y de afluentes.
Al fin y al cabo somos el río Saja y sus 66 km de su curso principal en un valle que supera los 480
km2; y somos también el río Nansa, en undescenso de 1200 metros de altitud, formando una cuenca de 400 km2 y en un trayecto de 57 km de recorrido; y somos también un tramo de 20 km del Deva que nos ha dibujado uno de los paisajes más espectaculares de la región, el desfiladero de la Hermida; y somos el Gandarilla y el Escudo, que además de abastecer de agua corriente a muchos pueblos del litoral le sobra cauce para rodear a San Vicente de la Barquera en sus rías de Pombo y Rubín; y somos los anchos estuarios de las Tinas, y el tesoro ecológico de Oyambre; y somos 23 km de playas y costas, que también son agua; y somos los embalses de La Cohilla y La Palombera, y una industria hidroléctrica de importancia en el Nansa, y todo un rico patrimonio de molinos, balnearios y ferrerías. Somos pueblos de ribera y de litoral.
Nuestra cultura y muchas de nuestras tradiciones se han fraguado en fuentes y lavaderos, en las
orillas del mar, de arroyos y de ríos. Somos partícipes de canciones, leyendas y tonadas que hablan de acontecimientos pasados en escenarios de puentes y pozos, ríos embravecidos y pozas
calmadas.
Sabemos que es nuestra fundamental riqueza y que determina toda nuestra existencia, y por eso
nos sentimos agusto cuando se nos reconoce de esta forma, es un elemento que nos simboliza y por eso se encuentra en muchos de los escudos de nuestros municipios y en la imagen institucional de nuestro territorio. Recuperar un par de ideas sobre su buena gestión, y dedicarle un centenar de palabras a recordar su importancia era algo más que una oportunidad, casi una obligación.

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