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martes, 27 de marzo de 2012

FRONTERAS

de Ángeles Sánchez Gandarillas

Las olas llegan una y otra vez hasta esa frontera de la playa. Son pertinaces e imitan con su ritmo a un gigantesco reloj de arena; cada marea llena y vacía ese recipiente inmenso, ¿son minutos o vaivén?, ¿cristal o aire?

El horizonte cabalga sobre las cúspides blanqueadas del fragor del mar, puntillas sobre azul cosidas sobre la sábana inmensa del cielo...; ese sonido estalla sin descanso, va y viene salpicando a los paseantes con el goteo del rompiente. Desaparece en la arena como el mismo tiempo, esos inmóviles granos se desperezan y encogen en ese contacto, y, las algas salen a la superficie, navegan aventureras sobre las olas con los surfistas y bañistas invernales, trepidantes y blanqueadas por el salitre. Si mueren, vivirán lo que si no hubiera sido su muerte viviendo...

El faro vigila la mar, es suya; la guía y cuida a golpe de luz, iluminando sus olas y la sirena, brama como viento atemporalado, acompañado del Cabo Oyambre que alarga su inmenso y enamorado abrazo sobre mareas, arenas y Piedras Negras. De vez en cuando, reclama sus impuestos y se queda con la pesca y las cañas de los pescadores...

Es un placer tumbarse sobre la arena escuchando el interminable y marítimo trueno, sentir el aire sobre la piel agitando el vello, protegido por la arena, fiel y paralizada amante en la frontera del oleaje de la vida..., amparado por el crepúsculo solar que agoniza; resucitará iluminando la playa como hizo al irse. Luces del faro, de Gerra, del barco que hiere la superficie del mar hacia un horizonte mezclado con la arena...

Faro, mar, arena y aire, un confín inalcanzable; alimento y vida, intangible como el romper de la noche por la luz del faro o de las inquietas olas blanqueadas como nubes...

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