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viernes, 5 de agosto de 2011

COMO SIEMPRE... CELIS, MI PUEBLO

de Mary Pérez.

Mi pueblo es Celis, perteneciente al Municipio de Rionansa y no me preocupa demasiado pecar un poco de prepotencia, pues el orgullo de pertenecer a un pueblo tan bonito es mucho mayor que cualquier duda que yo pueda tener de proclamarlo con tanta naturalidad. Celis es un pueblo al que la naturaleza ha favorecido en primer lugar por su enclave. Es un punto intermedio entre el mar y la montaña, estamos en el mismo centro de una ruta histórica por el protagonismo que le dio el mejor escritor costumbrista de nuestra provincia en la novela "Peñas Arriba", Don José María Pereda; aunque mi crónica se la dedique a mi pueblo no está de más hacer un poco de historia de los lugares y situaciones de un entorno bastante próximo a nosotros, o por lo menos en el recorrido de la novela que tanto protagonismo dio a esta ruta. Cuando Pereda se ambientó en el pueblo de Tudanca para escribir su famosa novela, se sabe que solo pasó un día o dos en dicho pueblo, y que pernoctó en la Casona de Tudanca invitado por los dueños de la casa a los que les unía una antigua amistad. Lo que creo, sin temor a equivocarme, es que para llegar a Tudanca no pasaría por Celis, pues siguiendo la ruta mas lógica ésta sería desde su pueblo de Polanco pasando por Cabezón de la Sal, o bien entrando por Virgen de la Peña, vía Cabuérniga, quizá atravesando la collada de Carmona hasta llegar a Tudanca. Este viaje creo que lo emprendió por cuestiones políticas.

Pero si el gran escritor no llegó a pasar nunca por mi pueblo, por Celis, sí queda constancia que lo hizo el protagonista principal de la novela y sobrino de aquel señor de la famosa "Casona", Marcelo, en el emocionante capítulo en el que describe como bajando montado en el "espeluznado jamelgo" aguas abajo, tiene, al llegar a la desembocadura del Nansa en Tina Menor, el impulso de escapar en el ferrocarril que por allí pasaba por la Estación de Pesués, hacia los espacios abiertos que tanto añoraba desde el día en que, cumpliendo el deseo de su tío enfermo, acudió desde Madrid, donde disfrutaba de una vida llena de lujos y comodidades, para hacerse cargo de la herencia y obligaciones que su tío quería depositar en él antes de morir.

Hoy Tudanca tiene como pueblo turístico todo el protagonismo histórico que Pereda le dio en su novela y es una ruta que recorren cientos de personas que desean conocer aquella famosa "Casona" de la familia de los Cuesta, pero no se pudo olvidar que en el siglo diecinueve en el que está ambientada la novela, para el joven Marcelo, aquel pueblo, por muy hidalga que fuese la casta de su tío, tuvo que ser un choque tremendo.

No viene mal alargar un poco la introducción del relato sobre mi pueblo si con esto conocemos un poco mejor el entorno que lo rodea. Celis está enclavado en un valle en el que el pueblo en sí, con su mies, va en ligera caída hacia la vaguada por la que discurre el Río Nansa en su prisa por llegar al mar.

Desde el propio pueblo el río no es visible pero si la hoz por la que discurre y los diferentes senderos o veredas que nos acercan a él, en un paisaje muy montaraz y de gran belleza. El Nansa siempre fue un río muy truchero al que acuden en tiempo de pesca numerosos amantes de este deporte. Las montañas que rodean a Celis sin ser sus cumbres no demasiado altas si son lo suficientemente protectoras para crear un microclima que lo protege y lo abriga, aunque esto puede resultar bastante engañoso, pues cuando el "gallego" se cuela por el "Monte Arria" y se cruza con el que baja de los montes y las colladas de Carmona en el pasadizo de el "Escajizo", el choque puede se terrible: en la memoria de todos están el vuelo de los tejados de nuestras casas cuando este fenómeno nos hace su acostumbrada visita otoñal.

Por lo demás, el clima es bastante benévolo y se ha hecho famoso el dicho de que en el pueblo de Celis nunca se hielan los geranios en invierno.

Además de esto, Celis tuvo en años pasados una vida muy activa industrialmente hablando, pues, aunque sus raíces son ganaderas las minas de la antigua Compañía Asturiana, y la Empresa Saltos del Nansa dieron prosperidad y desahogo económico en unos años en los que en otros pueblos de nuestro entorno mucha gente tuvo que emigrar para ganarse la vida. Este auge económico se vio favorecido por lo que se dio en llamar trabajo mixto, pues en la mayoría de las familias, al ser un trabajo de relevos, podían compaginarlo con una agricultura y una ganadería que, aunque en mucha menor escala, todavía tiene un cierto protagonismo, aunque no sea más que por lo mucho que aquí se trabajo en el campo años atrás.

Cuando hago mención a las montañas que rodean mi pueblo en las que en lo alto de sus cumbres se encuentran las praderías más importantes, los invernales, que, aunque costoso y sacrificado, eran con el acopio de su hierba, la tranquilidad que las familias tenían para el sustento del ganado en los meses mas crudos del invierno.

De estas cumbres una en particular es la mejor seña de identidad de nuestro pueblo, es nuestro "Picu Bon". El "Picu Bon" como siempre lo hemos llamado los "celorios" tiene, visto desde Celis, la forma de un cono invertido, su cabeza son como enormes peñascos y sus laderas se van estirando a derecha e izquierda mientras su falda llega en caída hasta el mismo pueblo al que a veces protege y otras castiga, pues los desprendimientos y argallos de sus laderas han sembrado la alarma en bastantes ocasiones cuando en tiempos de lluvia se forman sus torrenteras. Sus cumbres, por la izquierda y por la derecha, visto desde el mirador de "El Escajizo", tiene la forma de una dama que alarga la cola de su vestido de fiesta hasta dejarla caer por la derecha en los montes de la Florida. Por la izquierda (siempre visto desde su frente) va un poco renqueantes salpicado de buenas praderías hasta darse la mano en las "Peñas de la Espina".

Siguiendo con nuestras montañas, "Trespeña" con sus esbeltos picos como el del "Castillo" nos permite contemplar diariamente otro de nuestros mejores paisajes. Así con el "Picu Bon" al norte, las cumbres de "Trespeña" al sur, "Cueto Jormazu" al nordeste y "Montes de Arria" al sudeste son lo más importantes guardianes que rodean nuestro pueblo, aunque hay más y no de menores merecimientos.

Aunque las empresas antes nombradas favorecieran económicamente nuestro pueblo, en Celis contamos con otros atractivos muy importantes, aunque en otro orden; sus casonas de la mejor estampa montañesa son muchas y muy bien conservadas, sus corredores llenos de flores y elegantes galerías, así como los jardines que las rodean son muy admiradas por quienes nos visitan.

En lo religioso las Iglesias de San Pedro y San Roque así como las capillas de San Antonio en Riclones , San Juan en Celucos y El Carmen en el barrio del mismo nombre, creo que todas del siglo XVIII, tienen un gran valor y su conservación es magnífica. Y que decir del precioso puente que une las dos orillas del Nansa con un arco tan perfecto al que sostienen sus robustos bastiones de piedra, y que por lo importante de su altura y anchura, creo que lo hacen el más importante de Cantabria de la época de su construcción.

En fin que si todo esto no fuese suficiente, lo afable del trato de sus gentes y el que en nuestro pueblo nunca nadie que sea persona de bien se haya sentido extraño, completarían una descripción de mi pueblo en la que cualquiera que quiera visitamos encontrara muchos mas atractivos. Siempre seréis bienvenidos.

¡Ah! Se completaría este resumen con que, en cada lugar del entorno, así como en el mismo pueblo de Celis, sus restaurantes cuentan con una cocina casera muy bien tratada y asequible en su relación calidad-precio.

3 comentarios:

  1. Enhorabuena por ser de Celis, por estar enamorada de tu pueblo, por conocer su historia y por saber contárnoslo tan bien. Sólo he pasado por Celis, la próxima vez me detendré y miraré a mi alrededor. Gracias.

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  2. Saludos desde Venezuela, agradecido por dar a conocer el Pueblo Celis, muy buena referancia bibliografica.

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  3. Mary, un relato muy profesional, y muy descriptivo, da gana de estar ahí

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